E s p a c i o s íntimos

Desde que vivo en la ciudad, todo va más deprisa y pocas veces tengo tiempo para pasar un rato a solas conmigo misma.

No fue hasta hace dos semanas que mi compañera y artista, Laura López y yo, nos fuimos rumbo a ninguna parte. Entre medias de ese viaje nos encontramos con un lago enorme y con la inocencia de no saber cómo llegar hasta allí fuimos a la aventura. Una vez allí, nos vimos en momentos críticos y entre ambas nos animábamos a seguir un paso más. Las ganas no nos la quitaba nadie. No voy a explayarme más, pero lo conseguimos. Conseguimos llegar hasta esa agua azul cristalina y sentimos la gloria.

Volvimos de vuelta al coche y seguimos nuestro camino hasta llegar a un espacio abierto lleno de colores. La brisa debajo de los árboles frente a una marea de trigo fue nuestro momento. Eran espacios vacíos que te llenaban el alma.

Recorrimos campos y caminos hasta que me quedé abrumada – siempre lo he estado – de lo grande que es todo lo que nos rodea y lo pequeño que es todo. Es abismal la idea de estar en un espacio donde todo lo que te rodea no es tuyo pero te sientes como en casa. Me encanta la idea de hacer fotografías y ver a una sola persona pequeña, inocente, desnuda tal y como el mundo nos trajo ante un lugar tan abismal. Mientras se lo explicaba a Laura, ella sentía lo mismo y a veces el pensar que esto es sólo una milésima parte del mundo y que estamos rodeado de un universo ¡Un universo infinito! le entraba vértigo, y así es, así empieza mi serie de ‘e s p a c i o s íntimos’.

Ojalá más días así, donde la ciudad no me coma por dentro. Ojalá más viajes con Laura, porque de verdad, con ella sientes lo que de verdad es la intimidad.

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