Adèle.

Haces que seas el punto orgásmico de la ternura,
la lágrima después de follar,
la búsqueda constante del existencialismo
a la hora de sobrevivir.

Nos llevas a una casa vacía sabiendo la verdad:
la soledad puede ser muy hija de puta.

Anuncios

II

¿Cómo es posible estar enamorada y desear la soledad?

no sé si quiero cerrar los ojos y decir en alto lo que ya sé,

que me he vuelto tan detestable y vacía como el dolor.

(Volverá, y no quedará nada dentro de mí)

I

No quieras mirar a la vida esta noche, dulce niña,

te reencontrarás ante el horror que tiene nombre de mujer y ojos de varón.

(No quieras que se llame Virginia ni Lucía ni Sílvia, todas ellas ya han recogido un poco de vida en cada muerte y también yo, culpable de su voz.)

Pero no quieras mirar, dulce niña, a la vida.
tus ojos desolados no perdonarán lo que no lloraste.

Nuevamente lo recuerdo,
aquellas noches de insomnio

y no olvido
los terribles inviernos.

Pienso en la distancia
de todas las habitaciones

que recorren mi piel, todavía.

y en cambio, de todas las cosas que podría olvidar,
me he olvidado del sonido que produce la risa,

y ahora siento que he envejecido veinte años de golpe,

olvidándome de lo importante: el lugar donde los nombres persisten (pero nunca existieron).

(He acogido al olvido
y lo he hecho cotidiano,
como si fuese la cama
que he de hacer todas las mañanas.)

No creáis que es tan fácil,
salir del vacío.

Pero tampoco regresar.