roma (2 of 2)

 

Hay una parte de mí
que no desea vivir mucho más.

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Julio.

Allí estábamos, sentados en el cuarto de baño, quedándose allí todos nuestros secretos, y mirando al infinito deseé tanto que te quedases conmigo. No importaba que no aparecieses tres meses atrás porque contigo había vivido ese dolor, sólo que en la distancia y en silencio. Ojalá vuelvas a quedarte una noche más en el sofá de mi casa y en mitad de la noche me despiertes para llevarme a la cama, sólo así creo que los demonios se irán.

Aún no ha acabado lo peor.

IV

He hablado tanto de la muerte como metáfora que ha dejado de existir esa palabra para mí y he sentido mi llanto impávido por unas manos que casi llego a tocar. Desde la marcha me aferré a todo lo que construimos y me amortigüé en un cuerpo que yace sin rostro en mi mente. No puse toda voluntad en olvidar – aun creyendo que sí – y no fue a la vuelta del hogar cuando supe ver que allí no había nada sujeto desde la última vez que salí por la puerta. Corrí detrás del calor equivocado. Ahora regreso a unas manos y a un hogar que me esperan.

 
No creo que las cosas hayan estado mal desde entonces.