V

Querida madre: hubo un tiempo donde sepultaba mi cuerpo en la noche deseando una muerte súbita. Mi cuerpo, abandonado por el dolor, fue un recipiente para el vacío. Conversé con el silencio tantas veces como el miedo se apoderaba de nosotras. Tranquila, he entendido que las pausas están para resurgir entre las cenizas. Y resulta algo fascinante, mi ser que ha trabajado tanto en el olvido apenas recuerda nada de lo ocurrido. Tan sólo temo lo inevitable. Discúlpame si alguna vez tuve un mal comportamiento.

 

PD.: Me calma saber que estás bien.

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