Como tendencia a ponerle nombre a todo, a querer explicar las cosas mediante palabras como si al hacerlo le diese forma, para mí la carretera tiene un significado más infantil que otra cosa. Tengo ese recuerdo donde sólo existía las luces de la carretera y las fábricas que, por aquel entonces inocente de mí, creía que así se hacían las nubes. El hecho de ver las siluetas de mis padres mirando al frente, me tranquilizaba. Tengo en la mente todos los restaurantes de carretera y el hostal en Francia siendo la primera vez que dormía en una litera. Llegó un momento en el que el día de antes me preparaba una cama en la parte trasera del coche para cuando llegase la hora de irnos, siempre siendo las cuatro de la madrugada. Es por ello que, no hace mucho donde no podía conciliar el sueño, el hecho de coger el coche de madrugada y perderme en la carretera me tranquilizaba, sintiendo así la infancia, el hogar. Si me preguntasen qué es para mí el hogar respondería que la carretera.

Anuncios

En este momento asumo toda la responsabilidad. Asumo que no podemos regresar a aquello que tuvimos porque jamás existió. He querido creer que sí, que matarías a todos los demonios. De algún modo deseo tanto ese estado de muerte porque siento que, a tu lado, no puedo destrozar nada más. En cambio, aguardo la certidumbre que se encuentra en algún lugar remoto de mí, siento que queda la esperanza de llegar a la calma, al sosiego que hace que sienta que todo cuanto toco no se rompe.

Las criaturas amanecen cada vez más pronto. Criaturas de la noche que no tienen nombre por miedo a que no desaparezcan nunca. Temo que me arranquen los sentidos y en cambio, espero a que maten esta ausencia que se crea en los cuerpos al despegarse, en la mano que toco y nunca llego a sentir que es sincera.