Segundos nacimientos.

Cuando pasas por una depresión emocional, siendo esta cruel e íntima, procuras no desprenderte de toda ingenuidad. Siendo un fracaso, lucho ahora por volver a esa ingenuidad aprendida para que así el cinismo no me coma.

En estos dos años que han transcurrido, puedo decir que tras este episodio me encuentro con más fuerza de la que me imaginaba tiempo atrás. Ni si quiera llegué a creer que algún día pudiese sentirme con ganas de volver a salir a la calle, pero no puedo evitar muchas veces caer en la desesperación de no sentir tal ingenuidad, de sentirme tan infantil a veces.

Hace unos meses conocí a una persona, siendo una relación esporádica de un par de encuentros casuales como ocurre la mayoría de las veces, pero que por su andar, su mirada, su modo de hablar y reírse hizo que desprendiese de mí una ternura que hacía tiempo atrás no sentía, estando totalmente latente. Como si su ingenuidad llena de candor hiciese de mí mejor persona.

Con el transcurso del tiempo siento que no ha sido así, creando sólo en mí unos celos y anhelos por esa carencia juvenil. Aquí es cuando nace mi decepción como persona, intentando luchar contra esa frustración tiempo atrás.

A día de hoy me planteo mi fracaso y que pensándolo bien, habría sido más fácil desprenderse de todo sufrimiento que suponen los regresos.

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Entiende que vengo herida, por lo que me será difícil escribirle las palabras adecuadas. Usted ha sido la persona que me salva. Hacía tiempo que no pasaba unos días tan cálidos con usted, donde la noche se convierte en el hogar. Sí, ha vuelto a hacerlo. No sé cómo agradecer tal inmensidad que me recorre el cuerpo, la misma que el pasear a su lado cogidos de la mano sin mediar palabra alguna. Me he otorgado el placer de sentir, de nuevo, la calma de los amantes.