Confieso que hubo un tiempo donde tuve envidia de Ren Hang, sentí esa complicidad que se crea entre los depresivos. Sí, confieso que existió ese tiempo y lugar donde en cada suicidio que leía por las redes sociales, noticias, trenes en los que he viajado, llegaba a sentir alivio y envidia por no encontrarme en esa situación, sintiéndome si más cabe inútil por no llegar a realizar tal acto.

Lo más cercano que estuve a ese estado de fallecimiento fue en las madrugadas, donde el silencio se apoderaba de la habitación y, sólo cuando el sueño asistía por todo el cansancio mental, también un sentimiento apaciguo se asomaba sintiéndome así más cerca de la muerte, deseando que esa fuese la última noche. Sentía pues, un suicidio metafórico, consciente de que aquello me estaba matando y no podía hacer nada para remediarlo.

Durante este tiempo he comprendido que existe una barrera muy fina y sin darte cuenta, la melancolía te ha hecho suya. Dentro de mí hubo tantas reflexiones como veces que pedí perdón por mi comportamiento, creyendo que todo cuanto hacía era lo incorrecto hasta aislarme por completo y no tener que enfrentarme a lo políticamente correcto ni a las frases motivacionales, ya que lo único que se consigue es hacer más daño.

Somos conscientes de que algo no está bien dentro de nosotros, y aun así somos juzgados. Y dentro de toda esta desazón existe una esperanza de querer vivir y lo deseamos, ocurre que no se tiene autoestima suficiente para sentir la fuerza de salir ni desprenderse de todo malestar. Sorpresa: no nos gusta estar en esa sensación de desazón permanente.

No es fácil comprendernos y mucho menos hacernos comprender, las palabras no son ordenadas ni coherentes ya que el insomnio nos lleva a un estado de inercia que las únicas ganas de levantarse es para ir de la cama al sofá y viceversa. Sólo cuando empecé a retomar, llegué a comprender cuán difícil puede llegar a ser uno acompañante ya que no es sencillo oír de un ser querido que no desea vivir mucho más. Para todos aquellos acompañantes lo sentimos en el alma, nuestra mente es una bomba de relojería. Es agotador ser parte de la herida, pero aún más ser la herida, es por ello que la paciencia y la empatía son esenciales en vosotros, los acompañantes, debiendo de estar presente constantemente. Escuchad y observar, porque seguramente lo que estemos pidiendo es auxilio.

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